(…)
R: Señora, por la luna de plata
corona esta arboleda, yo te juro…
J: No jures por la luna, la inconstante,
que al girar cada mes cambia en su órbita,
no sea que tu amor cambie como ella.
R: ¿Por quién voy a jurar?
J: No jures y, si lo haces,
jura por ti, por tu gentil persona,
que yo te creeré. Eres un dios
dentro de mi secreta idolatría.
R: Si el amor que me abrasa…
J: No jures, aunque tú eres mi alegría.
Este pacto de amor en esta noche
no me contenta, es demasiado rápido,
demasiado imprevisto y temerario.
Este botón de amor con el aliento
de las respiraciones del verano
tal vez dará una flor maravillosa
cuando otra vez tú y yo nos encontremos.
¡Adiós! ¡Adiós! Que el dulce sueño caiga
tanto en tu corazón como en el mío.
R: ¿Y así me dejas lleno de deseos?
J: ¿Qué deseos quisieras ver cumplidos?
R: Cambiar tu juramento por el mío.
J: Te di mi amor sin que me lo pidieras
y aún quisiera dártelo de nuevo.
R: ¿Y me lo quitarías, amor mío?
J: Sólo para entregártelo otra vez.
(…)