jueves, 30 de diciembre de 2010

Just saying.

Estoy más que cansada de escuchar a niñas raquíticas quejándose de su “gran” peso y de las lorzas que sus pantalones ultra ajustados le hacen en las caderas. De verdad que no soporto ninguno más.

No saben lo que es estar en mi piel, o en la piel de alguien en mi misma situación.

Llevo toda mi maldita vida escuchando y soportando comentarios extremadamente ofensivos acerca de mi peso, mi cara y mi entero aspecto. No han dejado ni un solo rasgo por criticar y echarme en cara hasta la saciedad, hasta hacerme llorar lágrimas de sangre. Llevo toda mi vida aguantando que la gente me juzgara y hablara a mis espaldas conociendo solamente mis apariencias.

En poco menos de dos meses, se cumplirán 17 años de esta tortura que no me abandona un solo día.

Y ya no son solo los insultos que con el tiempo te… en cierto modo, acostumbras a escuchar; es el hecho de que no pueda sentarte mal un comentario de esas niñas raquíticas –que después te critican por “sacar las cosas de contexto y tomártelo todo a pecho, a la ofensiva-. Pero, ¿y ellas qué saben de lo que estoy pasando? Ellas no conocen esa fobia a la báscula, ese sentimiento de culpa al tomarte un simple zumo; el malhumor y odio hacia ti misma cuando tienes que ir a comprarte ropa porque tus pantalones se han roto por el roce de tus muslos, pasar el verano en pantalones largos porque con cortos, e incluso piratas, das asco; rechazar ir a la piscina o a la playa a pasar un día de sol; repeler tu reflejo, o que la gente te mire. No pueden ni de lejos imaginárselo. Ni siquiera les importa lo más mínimo.

Yo… yo lo he intentado todo, incluso lo más extremo, de todos los modos, y no ha habido manera. Y ahora… ¿por qué no puede ni apoyarme la gente que supuestamente me quiere, o me tiene un mínimo aprecio?

Ni un solo abrazo, una sonrisa o palabra de ánimo. Nada excepto reprimendas.

Pensaba que lo tenía “superado”, el tener otra clase de problemas –desde mi punto de vista más graves- por los que preocuparse, mantenía mi mente distante de ese tema. Pero llevo un par de meses escuchando casi a diario conversaciones de esa índole y hoy he explotado. No me importa que esas personas que creía “amigas” me retiren la palabra, porque eso para mí significará que no me aprecian en realidad.

Os quejáis de que pesáis poco más de 50kg, quejaos si en algún momento de vuestra –como llamáis vosotras- mierda de vida, llegáis a pesar 70kg. Ahí es cuando hay que preocuparse.

No sabéis absolutamente nada de lo que pasa una persona como yo.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Balada de la trompeta.


Balada triste de trompeta, por un pasado que murió.
Y que llora, y que gime.

Con tanto llanto de trompeta mi corazón desesperado va llorando, recordando mi pasado.

Balada triste de trompeta de un corazón desesperado.