“Nada.” Digo con un hilo de voz.
No me duele, no me desgarro por dentro. Dices que quieres sentirte como yo me siento ahora. No te creo. ¿De verdad quieres sentirte como me siento, o solo quieres conocer el trato que me hice? Quieres que hable, que escupa toda la rabia sobre ti. Pero ni siquiera siento eso.
Me miras cargado de sentimiento clavando con agujas en nuestros ojos tratando de hacerme explotar, yo también te miro fijamente, pero mis pupilas no dicen nada. Me zarandeas, me gritas que reaccione, que te golpee, que deje fluir todo lo que siento. Pero no siento nada.
“¡Explota de una maldita vez! ¡Ódiame, pégame, lo que sea! ¡Me estás matando así!”
Te levantas desesperado de la silla que colocaste frente a mí antes de hablar y paseas con nerviosismo por la habitación. Golpeas varios muebles y vuelcas algunas sillas mientras te miro con los ojos vacíos.
“¡Joder, no me hagas esto! ¡Reacciona!”
Caminas deprisa hacia mí, te dejas caer de rodillas y lloras sobre ellas. Mis manos se alejan de mi regazo cuando tú te acercas. Miro a nuestro alrededor, sin sentir nada.
“No puedes dejarlo así, tienes que decirme algo. Dime que me odias, que soy la persona a la que más odias, que te arrepientes de haberme conocido, ¡lo que sea! Solo háblame, por favor.”
Desgraciadamente, pareces seguir sin comprender que como no siento nada, no tengo nada que decirte.
“Estírame del pelo hasta arrancármelo, desgárrame el cuello con tus uñas, golpéame con todas tus ganas hasta matarme. Haz algo. Haz que me sienta como tú te sientes ahora. Este silencio es peor que toda la ira que puedas descargar sobre mí, ¡me mata!”
“No recuerdas lo que te dije hace unos meses atrás.”
Me miras curioso a la vez que aliviado por escuchar mi voz en calma.
“Te dije que a mayor decepción, menos hablaba.”
“¿Estás decepcionada?”
“No.”
“Entonces, ¿qué sientes?”
“Nada.”
“¿Me sigues amando?”
Silencio. Vuelves a clavar tu mirada con fuerza, intentando entrar en mi mente, tratando que explote y te destroce.
“Tu silencio es la peor tortura que jamás podría imaginar.”
Te levantas y caminas hacia la ventana. Tratas de calmar tus lágrimas, intentas no sentir nada, como yo. Llueve a mares. Me levanto de la silla y cojo mi chaqueta que reposa en el sofá. Mientras me la pongo, vuelves frente a mí.
“¿Dónde vas?”
“No quiero torturarte con mi silencio. Es mejor que me vaya.”
Me coloco la capucha sobre la cabeza y te miro.
“Si te vas sin decirme nada más, moriré.”
“Entonces, lo siento mucho.”
Empiezo a caminar y cuando estoy casi en la puerta, me agarras y me dejas contra la pared, acercándote demasiado a mí.
“No puedes irte así, necesitas hablar.”
“Si lo necesitara ya lo habría hecho.”
Cojo la manga de tu jersey y deshago la prisión que acababas de crear. Evito rozar tu piel a toda costa. Abro la puerta encontrándome frente a frente con el temporal que ya había visto a través de la ventana y respiro profundamente.
“No te vayas. No, por favor.” Sollozas, intentando que dé media vuelta, tratando que ocurra algo salvo mi marcha.
No me despido, no te miro por última vez, no te dedico una despedida. No siento nada.
Adiós.
1 comentarios:
Jolín, Raquel. Qué dramático T___________T Pobrecita. ¿Qué le hizo él? Aiiiiiiiiiiish :___ ¿Por qué no me habías enseñado esto? ._.
Publicar un comentario