
La vida me ha hecho darme cuenta de que las cosas no caen del cielo. Sin esfuerzo, no se obtiene la gloria, sin intentarlo, no vas a conseguirlo. Pero aún así, mantuve una fe estúpida aunque desde el principio sabía que me iba a quedar igual, o incluso peor, porque el dolor se intensificaría. Soy racional, y al mismo tiempo una ilusa y soñadora empedernida. Tanto, que me hace ser estúpida de un modo abismal.
Hace varias semanas dije que no lo iba a volver a intentar, que tiraba la toalla contigo porque me sentía mucho más que agotada. Pero he sido una estúpida porque lo he seguido intentando. He seguido corriendo tras tu tren aun sabiendo que era imposible alcanzarlo. Y es que aunque esté cansada, no quiero dejar de correr. Sin embargo, ya he aminorado el paso. Lo dejo en ti, en tus manos, es tu decisión. O lo rescatas, o lo dejas caer para que nunca más vuelva.
Me conoces lo suficiente como para saber que cuando nos veamos, si esto sigue así hasta entonces, no correré a tus brazos. Tendrás que arrancarme la sonrisa, porque no me apetecerá regalártela.
Te quiero, pero no como para seguir arrastrándome.
Y puede que esté sacando conclusiones antes de tiempo pero, a pesar de ser una ilusa, soy también realista, y conozco las cosas tal y cómo son. En mi corta existencia me he cruzado con tantos tipos de persona distintas que, aunque a veces me pueda equivocar, sé bastante bien los sentimientos que pueden o no aflorar en las personas.
Quiero dejar de darle vueltas a las cosas que haces. Quiero dejar de pensar en ti.
¿Por qué tuviste que hablar tanto conmigo?
No sé por qué no dejo de escuchar la canción que ahora me recuerda a ti.
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